13 de abril de 2015

ENTREVISTA - Reputación On Line - Parte III

Juan Cartagena, Ceo y fundador de traity

Una 'start up' española (aunque nació en Silicon Valley) de gestión de la reputación digital. Tienen ya cuatro millones y medio de usuarios. Cartagena, MBA por la Universidad de Chicago, vive entre San Francisco y Madrid.

"La reputación digital tiene un valor económico real. Si tienes más puntos, puedes exigir más dinero por tus servicios"

XL. ¿De dónde parte la idea de crear Traity?

J.C. De la economía colaborativa. La tecnología nos permite volver a transaccionar directamente con personas en plataformas como Airbnb, donde alquilas tu casa a desconocidos, o como eBay, donde vendes productos de segunda mano. Este cambio requiere nuevas formas de interacción y confianza entre las personas.

XL. ¿Qué aporta Traity?

J.C. Plantea un perfil que demuestra que eres quien dices ser y que en tus experiencias anteriores has tenido buena reputación. 

XL. Su start up surge de una mala experiencia personal, ¿no?

J.C. En 2012 compré un ordenador de segunda mano en Internet y nunca llegué a recibirlo. Se trataba de un fraude que esa persona ya había cometido con la misma dirección de correo. Me pareció que se podía haber evitado si hubiese tenido más información de esa persona. 

XL. ¿Por qué es importante la reputación digital?

J.C. Porque tiene y tendrá cada vez más valor económico real. Cuando utilizas plataformas como eBay o Airbnb, la gente te da puntos o estrellas que son útiles la siguiente vez porque otros usuarios se pueden fiar de ti. La gente con más estrellas o puntos va a poder exigir precios más altos para sus servicios o productos. 

XL. ¿Se puede medir la credibilidad?

J.C. Si Traity se convierte en el primer estándar de reputación a nivel mundial, podrás demostrar que eres una persona digna de confianza, con el respaldo de tu historial digital, en cualquier sitio y de forma inmediata. 

XL. ¿En cualquier plataforma?

J.C. El problema ahora es que después de ganar estrellas en eBay, por ejemplo, si te registras en otra plataforma, empiezas de cero. Y eso es ridículo. Si tú eres el dueño de tu reputación, deberías poder utilizarla donde tú quieras. Por eso hemos creado Traity como pasaporte de reputación, para que los puntos que ganas en un sitio los puedas utilizar en otro, evitando 'trols' y fraudes.

XL. Pero cada vez hay más. No solo delincuentes, también gente que puede mentir sobre ti o suplantarte... 

J.C. Nosotros estamos creando sistemas de inteligencia artificial y aprendizaje automático para evitarlo. Por ejemplo, si en tu perfil en LinkedIn dices que estudiaste en Harvard pero no tienes ningún amigo de Harvard, nos vamos a dar cuenta. Buscamos consistencia en las redes sociales.

XL. ¿No cree que la reputación nos retrotrae a tiempos medievales, donde el honor era tan importante? Es como si ustedes dieran certificados de pureza de sangre...

J.C. Interesante símil. En realidad, me atrevería a decir que es al contrario. El título nobiliario se hereda. En Traity, la reputación te la ganas con todas tus transacciones. Es tremendamente meritocrático y hay un gran incentivo para seguir comportándose de forma positiva. 

XL. ¿Cómo se recupera la reputación perdida, si es que se puede recuperar?

J.C. Es más un reto moral que técnico. ¿Tenemos derecho a borrar o a olvidar la mala reputación? Mi opinión es que la gente no debería poder borrar opiniones porque sí, porque entonces todo esto no tiene sentido, pero las transacciones antiguas tienen menor peso y, después de unos años, deberían poder desaparecer. Si eras un adolescente y engañaste a alguien en eBay por 70 euros hace diez años pues... eso no debería afectar a tu reputación actual.

XL. Deme alguna razón para fiarme de ustedes.

J.C. Solo puedo decir que estamos respaldados por algunos de los inversores más importantes del mundo, incluidos los primeros inversores de Facebook, Spotify o Skype, y ellos solo invierten en equipos muy buenos y porque piensan que podemos hacer algo importante para la sociedad.

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Amenazada de muerte por una denuncia

Lo que tuiteó: «No tiene gracia. Chistes sexuales sobre grandes 'aparatos'. Justo detrás de mí».

Adria Richards, desarrolladora web, estaba en una conferencia cuando escuchó una conversación entre dos asistentes que hacían un chiste sobre un dispositivo de aspecto fálico. Les hizo una foto y la tuiteó con un comentario crítico. Los desarrolladores fueron despedidos. Pero uno de ellos, padre de tres hijos, publicó en su blog lo mucho que necesitaba ese empleo. El odio se desató entonces contra Richards. Alguien incluso publicó la dirección de su domicilio junto con una fotografía de una mujer decapitada. Aterrorizada, Richards (que para entonces también había sido despedida) dejó su casa. Hoy ha vuelto a las redes.



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Fuente: Finanzas.com

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